GEOGRAFÍA: Dimensión espacial

WHERE - dónde ?

¿Cuál es la dimensión espacial del fenómeno del rendimiento?

INDIVIDUAL: Estilos de vida

Nuestro estilo de vida personal, lo que llamamos idiosincrasia, suele ir al compás de la sociedad a la que pertenecemos. Cada sociedad desarrolla su propia cultura y, en sus tradiciones, plasma la forma que tiene de entender el mundo. A su vez, todo viene condicionado por el clima y éste por la situación geográfica donde se ubican sus gentes.

Trabajando y durmiendo el mismo número de horas, la luz solar y la temperatura media provocan cambios. Hacen que los usos y costumbres sean unos u otros. Madrugar más o menos. Trabajar de un modo más intensivo o menos. Disponer de más o menos tiempo libre para el ocio personal… Todo ello impacta de lleno en la productividad

dimensiones competitividad

El siguiente diagrama intenta reflejar la importancia que supone un pequeño cambio en nuestra distribución del tiempo. Cambiando tan solo una hora de comida por otra de ocio todo es sustancialmente distinto.

Hay zonas más cálidas y con más horas de luz solar. Allí la gente se acuesta y se levanta más tarde. Además, como el calor provoca cansancio, se produce una mayor frecuencia de interrupciones para comer y descansar. Al final, la jornada se esparce a lo largo del día. Esto resta tiempo libre para dedicarlo al ocio personal.

Luego hay zonas más frías y con menos horas de luz solar. La gente allí se acuesta y se levanta más temprano. Además, existe menos cansancio por causa del calor, por lo que se produce una menor frecuencia de interrupciones para comer y descansar. Las personas trabajan casi de un tirón. Ello permite disponer de más tiempo libre para dedicar al ocio personal.

EMPRESARIAL: competitividad

La mayor parte de individuos vivimos en sociedad. Debiéramos tener conciencia de tesela en un mosaico. Funcionamos como células en este organismo superior del que las empresas son sus tejidos y sus órganos. Si las células están bien, los órganos funcionarán como es debido y el organismo gozará de buena salud. 

TESELA

La productividad individual sirve para aumentar el bienestar de las personas. Contribuye, sin duda, a un mayor logro de las metas individuales. Pero al mismo tiempo que ocurre esto, nos ayuda a cumplir los planes de negocio de las empresas. Existe, pues, una estrecha correlación entre productividad individual y competitividad empresarial.

Si se consigue producir más con menos, aportando valor y calidad, el nivel de vida de la gente sube. Esto no es un juego de suma cero, donde lo que uno gana otro lo pierde. Siendo más productivos, habrá más riqueza y, con ella, un reparto social más generoso y menos conflictos.

Cuando los individuos que forman una empresa consiguen ser cada día más productivos, ésta suele mejorar su presencia en el mercado. Los clientes van a preferir sus ofertas a las de otros competidores, menos productivos, que les piden más por lo mismo. Una mayor cuota de ventas y beneficios va a generar más inversiones y puestos de trabajo.

Esto funciona así pero también funciona al revés. Es decir, individuos menos productivos provocan que sus empresas también lo sean y pierdan competitividad, cuota de ventas y margen. En esta situación, no es demasiado probable que los clientes acepten pagar más por aquello que pueden adquirir en el mercado pagando menos. Tampoco que la merma en la retribución del capital pase porque el empresario asuma que esto sea a costa de sus beneficios. 

NACIONAL: la aldea global

Los países no compiten en los mercados, compiten las empresas. Hablamos de un país competitivo cuando en él residen muchas empresas competitivas. A nivel agregado nacional, la productividad de las empresas determina el grado de competitividad exterior de la economía de la nación a la que pertenecen. 

El equilibrio de la balanza comercial, la estabilidad de la moneda, el control de la inflación y el sostenimiento de las finanzas públicas. Todos ellos son factores que pueden favorecer la mejora del nivel de vida de la gente.

Si queremos que la gente cobre más y viva mejor, los incrementos de salarios deben ir vinculados a incrementos de productividad. De otro modo, sólo generarán inflación (si este incremento de costos se repercute a los precios) o paro por cierre de empresas (si no se repercute). 

Por contra, y como es normal, no todos los países consiguen mejorar su competitividad exterior por medio de incrementos de la productividad. De este modo, se ven abocados a “doparse”, es decir, a alterar de un modo artificial la paridad de su divisa contra el resto (devaluar) para continuar vendiendo sus productos a unos precios de mercado. Esto provoca el encarecimiento de sus importaciones y, por lo tanto, inflación, desempleo,… pobreza en definitiva. El único remedio para romper este círculo vicioso es el de mejorar su competitividad incrementando la productividad.

Ahora que, de un modo u otro, todos tenemos un cierto grado de exposición a la competencia internacional en esta aldea global en la que vivimos, la mejora continua de nuestra productividad individual se ha convertido en un imperativo para la supervivencia.

Salvando las distancias, este posicionamiento ante la realidad viene a ser como el ejercicio moderado y la alimentación equilibrada necesarios para que nuestro organismo se desarrolle de un modo saludable.

 

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