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ANACRONISMO NOSTÁLGICO

Uno de los principales motivos que dificultan la aplicación práctica de GTD® es el sorprendente sesgo analógico (versus digital) con el que se presenta ante su público. David Allen proclama a los cuatro vientos “el poder del bolígrafo y el papel” y, por contra, no se cansa de mostrar sus recelos y suspicacias ante las prestaciones que nos ofrece el mundo digital.

MUNDO FÍSICO VS. MUNDO DIGITAL

LA CABRA TIRA AL MONTE

Vivimos en una sociedad hiperconectada. Si el caudal de información al que nos vemos expuestos actualmente nos parece excesivo, la previsión es que lo que ha llegado hasta ahora no sea nada comparado con lo que nos espera. En el momento actual, la gestión adecuada de los canales de información digitales es indispensable. No elegir el medio o el canal correcto para transmitir cada mensaje es una mala praxis para reconocer y evitar. Puede llegar a suponer una pérdida tremenda en términos de productividad. Por el contrario, la adecuada elección del canal para comunicarse supone una ventaja competitiva y el aprovechamiento del potencial que incorporan los avances tecnológicos en nuestro beneficio.

En GTD®, el reconocimiento mismo de esta problemática brilla por su ausencia. Están en otras guerras, más propias del siglo pasado. Todo método para ser aplicado necesita de unas determinadas herramientas. Cuando hablamos de gestionar compromisos que toman forma etérea estamos en las antípodas de lo físico o palpable. La información que estos conllevan no solo ha de registrarse, sino que luego ha de tratarse, catalogarse, cambiarse, manipularse, transformarse,… y todo ello, con la agilidad necesaria para que los requerimientos de tiempo que pida el método sean asumibles. Pues bien, uno de los principales motivos que dificultan la aplicación práctica de este modelo es el sorprendente sesgo analógico (versus digital) con el que se presentaba ante su público.

En la última actualización que realiza en 2015 de “Organízate con eficacia“, David Allen realizó un intento de auto enmendarse (que es de reconocer) y corrigió en parte algunos de sus planteamientos anteriores al respecto. Muy probablemente, se dejara asesorar en esta materia por personas que lo aprecian. Aun así, hay demasiado que corregir porque la semilla analógica está muy esparcida en todos sus libros. Y, además, es que hay algo que no se puede evitar: “La cabra tira al monte”. Cuando algo forma parte de las creencias más arraigadas de uno mismo, cuesta mucho cambiarlo, y eso es algo que se nota, que se palpa, que se respira en cada párrafo de su obra.

Ensayo crítico sobre GTD®

¿SE PUEDE SER ANALÓGICO EN UNA SOCIEDAD DIGITAL?

GTD® parece haberse quedado prendado por “el poder del bolígrafo y el papel”. Es tan anacrónico como tener la costumbre de ir al banco a sacar dinero para luego ir con un buen fajo de billetes y monedas en el bolsillo, pagando las compras en los comercios o las comidas en los restaurantes. Algo que hoy en día cuesta entender. Sus libros están repletos de huellas donde deja constancia escrita de su mentalidad nostálgica-analógica. Ni siquiera es necesario resaltar ningún fragmento concreto de su obra.

Cualquiera que se haya molestado en leer a Allen sabrá que muestra una incuestionable resistencia al cambio del mundo físico por el digital. Quizá sea por ello que, pese a que una multitud de novios tecnológicos ha estado cortejándole todos estos años, aún no ha habido boda. Al parecer, no hay todavía nadie, dentro del mundo de la programación informática y el diseño de aplicaciones móviles, lo suficientemente brillante a los ojos del creador de GTD® para lograr su beneplácito formal. Y aunque no se atreva a salir de este armario, todo el mundo sospecha que las preferencias de este método son demasiado evidentes.

Se siente a gusto rodeado de post-it, hojas de papel A4, cuadernos, anotaciones en fichas, carpetas archivadoras, clips, grapadoras, cintas adhesivas, gomas elásticas… todo físico (muy ochentero) . Cuando algunos íbamos a la EGB, todo esto ya existía ¿Nos podemos permitir el lujo de desdeñar todos los avances habidos desde entonces? La sociedad, desde luego, ya no es la misma. Entonces ¿Sirven los medios de aquella época para gestionarnos en esta?

David Allen se muestra receloso, desconfiado e inseguro con el mundo digital. En todos sus libros deja la misma huella. Insisto en que no merece la pena perder el tiempo en citar ninguno de sus párrafos en particular. Esto lo reconocen hasta los que le siguen a pies juntillas y hacen bandera de ello porque esta es una de sus señas de identidad.

Quien lo haya leído, ya se ha percatado de esto. Esta actitud de resistencia al cambio imparable de la digitalización, a salir de la zona de confort, quizá pueda ser achacable a una cierta falta de seguridad personal, de autoconfianza, y eso es algo que se debe disculpar. Pero esta indulgencia no debe ser impedimento para que se pueda opinar que este posicionamiento no es recomendable al público en general. En cualquier caso, lo que realmente despierta curiosidad es que alguno de sus discípulos más notables, lejos de enmendarle la plana, le compren esta idea. Como si lo digital, bien usado, restara. Como si no fuera posible desarrollar buenos hábitos o hacer fantásticas revisiones utilizando tecnología que nos allane el camino y nos permita ser más productivos.

“La mejor herramienta para empezar con GTD® es siempre una herramienta de baja tecnología, es decir, lápiz y papel. Esto es así porque el lápiz y el papel (...) presentan la ventaja añadida de que se emborronan y, por tanto, hay que renovarlos periódicamente, fomentando así la revisión semanal”.

José Miguel Bolívar
Productividad personal (Spanish Edition) (p. 186). Penguin Random House Grupo Editorial España. Edición de Kindle.

PAPERLESS

Frente al sesgo analógico de GTD®, la “prueba del algodón” que mejor acreditará estar bien organizado en el 2022 es justamente lo contrario: no tener necesidad de usar papel y boli para nada y poderse manejar en exclusiva con herramientas tecnológicas (sesgo digital) desde cualquier dispositivo en conexión con la nube.

Lo que viene a llamarse paperless, una corriente de pensamiento que acabará por imponerse más pronto que tarde, porque sigue el curso natural de los tiempos en lugar de aferrarse al pasado. La gestión de la información y las actividades en el tiempo puede prescindir por completo de tener presencia en redes sociales, pero lo que no puede dejar de hacer es usar intensivamente gestores de tareas y proyectos, de contactos, de calendario y de notas/información. 

Sin dispositivos tecnológicos que nos permitan el registro, etiquetado y manejo de todos los datos que el sistema demanda, se antoja impensable ser capaces de implementar ningún método de organización personal. Sinceramente, no sé qué opinarás tú, pero yo no me veo, a estas alturas de siglo XXI, circulando arriba y abajo con bandejas y carpetas con plásticos clasificadores que incluyan listas que deba revisar a mano. Me veo con un smartphone que incluya las aplicaciones que necesite para satisfacer mis necesidades tecnológicas y las ideas bien claras. Ahora que tenemos la posibilidad de reducir a la mínima expresión el problema de organizarse con efectividad ¿de qué nos sirve ponernos nostálgicos?

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